Gracias a la casa, un gran número de nuestros recuerdos tienen albergue, mas aun si esta tiene guardilla o sótano, corredores o rincones, es ahí donde nuestros recuerdos hallan refugio.
Volvemos a ellos toda la vida en nuestros ensueños.
Sobre todo en nuestros momentos de intimidad que se encuentran en nuestra infinita memoria.
La casa es el principal espacio en la que se basa la memoria para hacernos creer que nos conocemos en el tiempo, cuando en realidad solo se conocen una serie de fijaciones en espacios de la estabilidad del ser.
La casa es un espacio que conserva y alberga momentos y tiempos comprimidos de nuestra vida.
Para hacer nuestros recuerdos mas exactos el tiempo y espacio son aspectos importantes para poder descifrar momentos de soledad, momentos de alegría o quizás momentos de tristeza.
Es ahí donde las preguntas toman o forman parte de los recuerdos de esos lugares tan importantes de nuestra casa que dan vuelta en nuestra memoria.
¿Cómo era la habitación? ¿Estaba muy atiborrada de objetos la guardilla?
¿de dónde venía la luz?
Con estas preguntas nos damos cuenta que aquí el espacio lo es todo porque el tiempo no anima ya la memoria. Que no registra una duración concreta.
Es en el espacio donde concentramos esos bellos fósiles de duración, concretados por largas estancias
Para el conocimiento de la intimidad es más urgente la determinación de las fechas la localización de nuestra intimidad en los espacios.
El ser sabe por instinto que el recuerdo de esos espacios son imborrables.
Espacios que guardan o albergan todos nuestros recuerdos y momentos. Que vivimos en esos rincones de la casa
Todo eso conlleva a que la memoria recuerde esos lugares como pequeños y grandes, cálidos y frescos, siempre consoladores.
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